Un año después.
El sol de la tarde bañaba la terraza de la mansión, tiñendo las aguas del Bósforo de un dorado líquido. Ya no había flores blancas artificiales en los jarrones; ahora, la casa estaba llena de peonías frescas y el aroma del café recién hecho. El silencio opresivo que antes habitaba estas paredes había sido reemplazado por una melodía suave que escapaba del tocadiscos de la biblioteca.
Me asomé al balcón, sintiendo la brisa fresca contra mi rostro. Llevaba un vestido ligero de sed