Cinco años después del amanecer de su nuevo imperio, la vida de Diego y Luna seguía tejiéndose entre el trabajo y la familia. El imperio Márquez había expandido sus operaciones hacia proyectos sostenibles, financiando parques naturales y tecnologías limpias —un legado que Elena, ahora de cinco años, comenzaba a entender con sus pequeñas manos, plantando semillas en el jardín de la mansión.
Un día, Javier llegó al despacho con una carta oficial: la ciudad le ofrecía a la familia Márquez el recon