Eran las tres de la mañana cuando el silencio de la mansión Volkov se rompió por un ruido metálico proveniente de la cocina. Dante, que tenía el sueño ligero desde que Aria se mudó, se levantó de inmediato. Se puso una bata de seda negra y bajó las escaleras en silencio, pensando que algún intruso había burlado la seguridad.
Al entrar en la cocina, se encontró con una escena que nunca habría imaginado en su pulcra y minimalista residencia.
Aria estaba sentada sobre la encimera de mármol, con un