La mudanza fue tan autoritaria como el dueño de la casa. Tres hombres de seguridad aparecieron en el pequeño apartamento de Aria con cajas de cartón y una orden directa: "No dejen ni un cepillo de dientes". Dante no preguntaba, Dante ejecutaba.
Cuando Aria llegó a la mansión Volkov, se sintió pequeña. Era un palacio de piedra oscura y techos altísimos, tan frío y perfecto como el hombre que la esperaba en el vestíbulo con un vaso de whisky en la mano.
—Tu habitación es la del fondo a la derecha