Capítulo 2: La partida de los dados y la sombra del pasado
El silencio después de reproducir el grabador se alargó como una herida abierta en el centro del club Obsidiana. Las luces rojas parpadeaban, bañando de sangre los rostros pálidos de Diego y Camila. Ricardo se levantó, sus ojos entre el espanto y la incredulidad, mientras los demás invitados murmuraban entre sí, algunos aún con los teléfonos en la mano, listos para grabar cada movimiento. Yo me quedé sentada, la mano firme sobre el gra