Gael no era hombre de amenazas vacías. Para él, el rechazo de Elena y Julián no fue solo una decepción, fue un insulto a su orgullo de patrón. Si no podía tener a su hijo por las buenas, quemaría el suelo que Elena pisaba hasta que ella no tuviera más opción que volver a buscar refugio en él.
En menos de una semana, la farmacia de Elena se convirtió en el blanco de una persecución silenciosa pero implacable. Primero fueron las inspecciones sanitarias, luego las revisiones de impuestos y, finalm