El sonido de la camilla metálica rodando por el pasillo del sótano fue la campana que anunció mi última esperanza. El médico, un hombre de confianza de la familia Valerius llamado Dr. Arnault, entró con el rostro rígido. Detrás de él, Dante permanecía en la sombra, con los brazos cruzados y esa mirada de juez que no admite apelación.
—Haga la ecografía —ordenó Dante. Su voz era un hilo de acero—. Quiero saber si lo que dice es cierto o si es otro de sus trucos para evitar el divorcio.
Me obliga