CAPÍTULO 2: EL CAMINO HACIA LA MONTaña DEL DIABLO
El dolor de la herida de plata no bajaba ni un poco. Después de tumbarme debajo del roble hasta el amanecer, me levanté con dificultad —mis piernas temblaban, mi cabeza dolía y la sangre seguía goteando de mi hombro, empapando mi ropa de lana marrón. No podía transformarme en loba —la herida de plata bloqueaba mi poder, me mantenía en mi forma humana, débil y vulnerable.
El bosque estaba silencioso. Demasiado silencioso. No había sonido de pájar