Seis meses después de plantar el árbol de María Catalina, la familia estaba lista para el viaje a Tokio. María Catalina tenía siete meses, y era una niña sonriente y curiosa, con los ojos azules de Santiago y el pelo oscuro de Catalina. Llevaban todo lo necesario para ella: juguetes, comida, su cuna portátil — y la compañía de Jessy, que había venido para ayudar a cuidarla mientras Catalina y Santiago trabajaban en la apertura de la sucursal.
El vuelo fue largo, pero María Catalina se portó de