Un año después de que Ángel diera sus primeros pasos. La vida había cambiado aún más —para mejor. Ángel tenía un año y medio, y corría por toda la casa, hablando palabras simples pero llenas de vida: "mamá", "papa" (así le decía a Joaquín), "val" (a Valeria), "sofi" (a Sofía). La panadería de Joaquín había crecido mucho: habían abierto la sucursal en la otra parte de la ciudad, y Mar era la jefa de pastelería —sus creaciones de frutas y chocolate eran conocidas en toda Asunción, y la gente vení