Rubí
El auto avanzaba lento, como si el tráfico también estuviera cansado de la ciudad.
Daniel manejaba con una mano sobre el volante y la otra apoyada cerca de la palanca de cambios. No ponía música. Nunca la ponía cuando pensaba demasiado. Yo miraba por la ventana, contando semáforos, fingiendo que el vidrio reflejaba cualquier cosa menos mi cara.
—¿Estás bien? —preguntó finalmente.
Asentí sin mirarlo.
—Sí.
Mentí mal.
Habíamos salido de su casa con el cheque guardado, con una misión clara, ad