Rubí
El estrés no siempre llega como una tormenta.
A veces llega como un almuerzo que no puedes terminar.
Ese día fue así.
Desde la mañana tenía un nudo en el estómago que no se iba ni con agua ni con respiraciones profundas. Eva casi no habló antes de salir de casa. Se quedó sentada en la cocina, con el café frío entre las manos, mirando un punto fijo que no existía. Yo fingí normalidad, porque cuando una de las dos se cae, la otra tiene que sostener el mundo. Siempre ha sido así.
En la escuel