Seth estaba sentado en su oficina privada, el aire cargado con el olor a madera pulida y el leve zumbido de los monitores que llenaban la pared frente a él.
La luz tenue de una lámpara de escritorio iluminaba los informes esparcidos sobre la superficie de caoba, mapas y notas garabateadas con rutas y nombres. En el monitor central, las imágenes de las cámaras perimetrales parpadeaban, capturando las calles oscuras que rodeaban un amplio perímetro de la mansión. Seth se inclinó hacia adelante,