Seth caminaba casi en automático por el pasillo del hospital, con los pasos pesados y lentos, como si cada uno le costara un esfuerzo inmenso mientras se dirigía a la habitación de Ameline, dispuesto a enfrentarla.
El aire a su alrededor se sentía espeso, denso, como si estuviera caminando dentro de agua tibia y turbulenta que le dificultaba moverse. Su cabeza estaba nublada, llena de pensamientos que se mezclaban sin orden: la imagen de la bebé en la incubadora, el rostro inconsciente y magul