—Si quieres más, te lo daré, preciosa… solo tienes que admitir que eres mía… y de nadie más —murmuró Seth directo al oído de Ameline, su tono bajo y seductor, sus dedos trazando círculos lentos en la piel expuesta de su cintura mientras la miraba con una intensidad que la dejó sin aliento.
Ameline se quedó paralizada por un instante, sus ojos abriéndose de par en par ante la sorpresa de su exigencia… una exigencia que iba en contra de todos sus planes…
Su mente dio un vuelco, el peso de sus