Ameline no levantó la cabeza cuando Seth se puso de pie, mantuvo el rostro hundido en la almohada mientras estaba dolorosamente atenta a todos sus movimientos.
Contuvo la respiración, tensa, como si al no moverse pudiera volverse invisible.
El silencio se hizo espeso entre ellos.
Durante un instante, pensó que él iba a decir algo más. Una última palabra. Un reproche. Una súplica. Pero no. Solo el sonido de la tela de su ropa cuando se la acomodó, el zumbido de la cremallera de su pantalón, el s