Ameline jadeó, sintiendo el cuerpo de Seth presionarla contra la pared, sintiendo su calor y su aroma embriagante que una vez ya la hizo delirar de placer…
Para colmo, él la tomó de la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos, acercando tanto su rostro al suyo que acabaron nariz con nariz.
—No me mientas, preciosa… ¿En serio quieres que crea que te conformaste con algunos vagabundos o borrachos después de tenerme a mí? —Sonrió con superioridad—. Sé que no caerías tan bajo.
—T-tú no me conoce