Ameline estaba de pie frente al espejo de su habitación, el amanecer filtrándose a través de las cortinas y bañando la habitación en una luz suave y dorada.
Su reflejo la miraba con ojos cansados pero decididos, sus manos apretadas a los costados mientras respiraba hondo.
Había pasado la noche inquieta, el recuerdo del collar de cuarzo azul y la breve calidez de la mano de Seth en su mejilla persiguiéndola incluso en sus sueños, junto con las ganas de besarlo y más que eso... Pero hoy era un