Ameline termino lo último de su desayuno y bebió un último sorbo de agua, suspirando ante lo que venía ahora.
La bandeja que Seth había traído estaba casi vacía, con solo pocos restos de comida y cáscaras de una fruta. Los dos habían comido en silencio, sentados en la pequeña mesa junto a la ventana, el aire cargado con la tensión de la conversación previa. Seth, sentado frente a ella, limpió su boca con una servilleta y se recostó en la silla, sus ojos fijos en ella con esa intensidad que sie