Hubo un golpeteo suave en la puerta de Ameline horas después del almuerzo, y ella gruñó descontenta, a pesar de que ya se sentía mejor y más calmada, pero sabía que quien quiera que estuviera tras la puerta seguramente iba a perturbar su paz.
Cuando no abrió, el golpeteo se volvió más insistente.
—Ameline, soy yo. —La voz de Seth se dejó oír y ella maldijo, sintiendo todavía menos ganas de abrir la puerta.
Seth era justamente la persona a la que más quería evitar, maldita sea…
—Ameline, po