Ameline seguía atrapada en su habitación, dando vueltas como leona enjaulada, el suelo de madera crujiendo bajo sus rápidos pasos inquietos.
Las cortinas estaban entreabiertas, dejando entrar la luz dorada del atardecer que teñía las paredes de un naranja apagado. Su mente era un caos, saltando entre planes y dudas, intentando descifrar cómo avanzar ahora, cómo podría intentar eso del robo a Seth o si debía arriesgarse siquiera con el test de paternidad, si era una buena idea o no.
Se pasó la