Los autos avanzaron por un camino privado hasta el aeropuerto personal de los Rinaldi, el rugido de los motores apagándose mientras las puertas se abrían con un clic seco. Ameline bajó del vehículo junto a Prissy, el aire fresco de la mañana golpeándole el rostro mientras sus ojos se posaban en el avión que aguardaba en la pista.
Tensó la mandíbula al contemplar el avión, pero su atención se desvió cuando vio a Bianca bajarse del otro auto, custodiada por Tucker y Marco.
La figura demacrada d