Ameline estaba de pie frente a su cama, la maleta abierta sobre las sábanas desordenadas, mientras metía ropa con movimientos prácticamente mecánicos.
La luz del sol de la mañana se filtraba por la ventana, iluminando el polvo que flotaba en el aire, pero no lograba disipar la angustia que le apretaba el pecho.
Cada prenda que doblaba le recordaba que tendría que convivir con Bianca durante semanas, tal vez un mes, y el pensamiento le revolvía el estómago y la hacia sentir impotente al no ten