Ameline se quedó en el suelo, sollozando con los dedos arañando el cemento, y maldiciendo a Seth y al momento en el que lo conoció.
Por unos minutos no pudo hacer otra cosa que llorar, jadeando entre hipos de rabia, hasta que la frustración se transformó en pura y ferviente ira.
Se puso de pie de golpe y empezó a dar vueltas dentro de su celda como un animal atrapado, como si necesitara desgastar sus pasos para poder pensar. Golpeaba con los puños la pared, los barrotes, pateaba las cajas vac