El aire en el baldío se volvió espeso con el olor a pólvora y el estruendo de los disparos. Seth, agachado detrás de la camioneta, sostenía su arma con firmeza, sus ojos escaneando el caos que se desataba a su alrededor. Los hombres de Frogtail, que habían surgido de los edificios abandonados como una emboscada perfectamente planeada, se movían con precisión, disparando desde posiciones estratégicas. La risa de Bianca, fría y triunfal, aún resonaba en la mente de Seth, pero no había tiempo para maldecir su traición. Cada segundo era una lucha por sobrevivir, por proteger a Ameline, por salir de esa trampa viva.
—¡Tucker, flanco izquierdo! —gritó Seth, su voz cortando el aire mientras disparaba hacia uno de los hombres de Frogtail que intentaba acercarse por el lado de un montón de escombros. El hombre cayó con un grito, pero otro tomó su lugar, devolviendo el fuego con una ráfaga que hizo volar astillas de la camioneta. Seth apretó los dientes, su mente trabajando a mil por hora mient