Una semana después, el miércoles por la mañana, Seth estaba solo en su oficina, el aire cargado de una tensión que parecía apretar las paredes.
Los mapas y documentos sobre Bianca y Froggs seguían apilados en su escritorio, pero no podía concentrarse en ellos. Sus pasos resonaban en el suelo mientras daba vueltas, sus manos apretadas en puños, su mirada fija en el sobre blanco que el Dr. Porterk había dejado minutos antes, cuando vino a la mansión para entregar los resultados de la prueba de p