Capítulo VIII

Comemos el plato de estofado que nos ofreció Joanne en silencio.

Ya hizo mi maleta, que en realidad es una bolsa de lona, y me preparó un pan con queso de cabra en una tela grisácea, la cual amarra ahora.

Marcus nos estudia con la expresión ausente.

—La guardia tocó a nuestra puerta para preguntarnos si fuimos nosotros quienes enterraron a los O’Brien. —Le da un sorbo a su sopa—. Es una lástima que sus vidas se apagaran tan pronto, más la de la dulce Samanta.

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