Me despierto agitada, con la mano en el abdomen y la nariz bañada en sudor. Me incorporo sin apartar la mano de mi vientre y dejo caer la mirada en ella. Mi palma se aprieta con fuerza, como si quisiera proteger algo detrás de ella. Ingiero saliva, respiro profundo y alejo la mano sin dejar de mirarla. Sacudo la cabeza. «Son preocupaciones que no vienen al caso», me digo con los labios apretados.
Intento recordar el sueño o la pesadilla, pero es en vano.
Me recompongo alzando los hombros y movi