Capítulo LX

El silencio se acrecienta.

Siento cómo los latidos de mi corazón son lo único que captan mis tímpanos.

¿Cómo podremos ayudarte? —inquiere finalmente.

Exhalo.

El Monte de los condenados es casi impenetrable, solo los dioses pueden entrar a él. Ni siquiera las sombras tienen el derecho de volverse vivas cuando están allí; permanecen quietas, inamovibles, sin personalidad, sin vida. A

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