Punto de vista: Isabella
Despierto en mi cama. Todo se siente borroso, como si el mundo tuviera un velo de dolor. Mi madre está sentada a mi lado, cansada y con ojeras profundas, pero con una dulzura infinita en sus ojos mientras me acaricia la frente.
—Tu papá fue a ver a las chicas que te ayudaron ese día —me dice en voz baja.
Una punzada de miedo me atraviesa el pecho. Hay algo que me quema por dentro y no puedo callarlo más.
—Mamá… hay algo más. Algo que no le conté a papá. Ni a la tía Susan