Mundo de ficçãoIniciar sessão
Valkiria Thorne
Aethelgard no se parece a ningún otro lugar de la Tierra.
Sí, es cierto que el terreno, el bosque, los ríos y las montañas pueden tener similitudes a otros lugares, pero Aethelgard no es un bosque común; es un ecosistema de fantasía oscura donde la magia fluye por las raíces como si fuera savia. Es el hogar perfecto para manadas que valoran la fuerza, el sigilo y la conexión con lo ancestral; tan grande y amplio como un país.
Aquí, el bosque no te pertenece a ti; tú le perteneces al bosque. Si no respetas el equilibrio, las raíces mismas te reclamarán.
El equilibro y la conexión con la naturaleza es primordial en nuestro mundo, así como el respeto a la jerarquía.
Todos los miembros de la manada tienen un trabajo normal o sus propios negocios. Todos juegan un papel fundamental en el desarrollo de nuestra supervivencia y economía, aunque la responsabilidad principal recae en el Alfa y su Luna. También hay muchos miembros con responsabilidades, ya sea como rastreador, centinelas, sanadores… Todos nos ayudamos mutuamente, o así debería ser, aunque en este lugar las cosas eran manejadas de manera diferente en muchísimos aspectos.
Crecer en una manada de cambia formas para muchos es lo mejor, aunque yo no pudiera decir lo mismo a pesar de la maravillosa madre que la vida me obsequió.
Desde pequeña, supe que no tendría el privilegio de casarme con mi pareja predestinada. Mi padre, Alfa de la manada Luna Sombría, siempre dejó en claro que, en cuanto mi primera transformación sucediera, sería casada con el heredero de la manada que más poder le pudiera ofrecer. No hubo un momento en que no recalcara que esa era mi mayor responsabilidad. Y hoy, me tocaba cruzar ese umbral. Justo a media noche, cuando la luna llena estuviera en lo más alto, cumplía mis veinte años; el momento crucial en que nuestras lobas despertaban.
Has estado esperando por esto desde que tienes uso de razón. No hay motivo para estar nerviosa. Es nuestro gran día, me susurro a mí misma, dándome aliento y confianza.
—¿Val? —la voz suave de mi madre me saca de mis pensamientos. Le ofrezco un intento de sonrisa, pero como siempre, ella ve a través mí.
—Es normal estar ansiosa, cariño —me dice tiernamente, mientras deslizaba un peine de hueso a través de mi cabello rizado, con una delicadeza que me hace querer llorar.
Su ternura, cariño y dedicación siempre logran remover algo sensible en mi interior. Sus manos, antes firmes y autoritarias como correspondía a la Luna de nuestra manada, temblaban de una forma que nunca antes le había visto. Emoción… ¿o nerviosismo?
—Hoy es el día, mi hermosa princesa —susurró, y su voz sonó como el roce de hojas secas—. Según tu padre, tu unión con Mako es el sello que nuestra gente necesita para asegurar nuestra seguridad y prosperidad. Pero también es la ocasión en la cual finalmente conocerás a tu loba… y eso… corazón mío, es una sensación súper especial y uno de los momentos más importante en la vida de un cambia forma.
Me miré las manos, apoyadas en el regazo. El vestido era de una seda tan blanca que parecía emitir luz propia, sencillo pero hermoso. No era una pieza fina, era una armadura de gala diseñada para una Thorne de sangre pura.
Estaba ansiosa. Al fin el gran día había llegado. Hoy conocería a mi loba y celebraría mi ceremonia de apareamiento, aunque esto último no me hacía mucha gracia. Si hubiera tenido la oportunidad de elegir, hubiera preferido la bendición de conocer a mi verdadero mate, ese que la Diosa Selene le destina a cada lobo y loba; no un compañero por elección de mi progenitor.
Hoy no solo era importante, era especial. La fusión entre el lado animal y el humano era algo místico, antiguo y esencial.
—¿Y si no soy capaz de estar a la altura, madre? —Mi voz fue un hilo de seda a punto de romperse—. Los invitados ya están en el Gran Salón, aguardando por el gran momento. Mako espera a una Luna que esté a su altura y papá cuenta con que sea capaz de cumplir mis responsabilidades al pie de la letra.
El peine se detuvo en seco. Los ojos de mi madre se encontraron con los míos en el reflejo del espejo. En los suyos vi un destello de algo que no logré identificar, ¿era miedo o una culpa antigua?
—Lo serás —sentenció ella, aunque sus dedos se cerraron con demasiada fuerza sobre mis hombros—. Tu linaje es fuerte, Valkiria. Pero recuerda... pase lo que pase esta noche cuando la luna alcance el cenit, no dejes que el miedo te domine… jamás. Tu sangre es más antigua de lo que todos ellos creen, y más profunda de lo que tú misma comprendes.
Se inclinó y besó mi coronilla. Por un segundo, dejó de ser la Luna de la manada y volvió a ser solo mi madre. Mi ancla. Mi mejor amiga.
Su aroma a sándalo me envolvió, ofreciéndome el único refugio que conocía. Me sorprendió verla sacar de su pecho un pequeño amuleto de plata vieja y esconderlo dentro del corpiño de mi vestido.
—Lleva esto contigo. Es un secreto entre nosotras —murmuró contra mi oído—. Si alguna vez sientes que el frío te consume o que tu mente se pierde... aférrate a la luz que llevas dentro. Eres especial, mi niña. Siempre lo has sido. Mucho más de lo que este contrato de boda permite decir.
Asiento, forzando una sonrisa, aunque mis entrañas se retuercen con incertidumbre. Algo está agitándose muy profundamente en mi interior. ¿Los nervios apoderándose de mí? ¿Mi loba?







