Un escalofrío me recorre la columna. Sus palabras en ese instante me sonaron a esperanza, ánimo y bendición. Luego, descubrí que fueron una advertencia desesperada. Ella sabía que algo en mí era diferente, pero la herencia que corría por mis venas, permanecía guardada bajo siete llaves en su corazón, una verdad que ella había jurado proteger para mantenerme con vida, y que yo, en ese momento aún desconocía.De repente, un golpe seco resonó en la pesada puerta de roble. No fue una llamada; fue una exigencia. La presencia del gran Zeus Thorne, mi padre, se filtró por las rendijas antes de que él siquiera entrara.—Es hora —dijo, su voz masculina desde el otro lado, cargada de una arrogancia que me hizo apretar los dientes—. El heredero Carmesí no es un hombre paciente, y la Luna no esperará a que la novia termine de admirarse.Mi madre me obligó a ponerme en pie. Me ajustó el collar de zafiros que pesaba como un grillete alrededor de mi garganta.—Mantén la cabeza en alto —me pidió, aun
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