Aún encerrada entre las paredes de la prisión, me postro en el suelo, sentada en compañía del frío calando en mis huesos. Con el paso de las horas, el aburrimiento va en aumento, así como la impaciencia.
Mi mayor deseo es irme, llegar a casa y darme un bien merecido baño después de horas donde el quicio me abandonó tan pronto como se retiró Zadkiel. No lo culpo, me dedico mucho tiempo en donde su hermana permaneció sola, ya que no tiene con quien dejarla y traerla a una comisaría no debe ser un