Aún encerrada entre las paredes de la prisión, me postro en el suelo, sentada en compañía del frío calando en mis huesos. Con el paso de las horas, el aburrimiento va en aumento, así como la impaciencia.
Mi mayor deseo es irme, llegar a casa y darme un bien merecido baño después de horas donde el quicio me abandonó tan pronto como se retiró Zadkiel. No lo culpo, me dedico mucho tiempo en donde su hermana permaneció sola, ya que no tiene con quien dejarla y traerla a una comisaría no debe ser una opción para él.
En especial si es cierto el tema de los moretones, eso puede llegar a ser problemático.
—Llorona.
—Vaya, agente gran justicia. ¿Que lo trae por aquí? ¿Quiere seguir viendo mis penas? —Ataque de inmediato al mismo guardia que custodia mi celda, me hace sentir como una princesa, siendo el ese malvado dragón que solo un príncipe podría enfrentar.
—Tienes visitas.
Eleve mis cejas, gratamente sorprendida por la noticia. No lo esperaba en lo absoluto, después de todo, mi querida Amel