Cualquier maldita opción era correcta.
Aunque a medida que pasaban los minutos, quizás en mi cabeza horas, solo me di cuenta de que en verdad era la envidia lo que más predominaba en mis emociones.
Ya que no logré evitar sentirme así cuando la mujer finalmente acabo completamente satisfecha por la atención, quedando dormida de inmediato.
No logré evitar sentir envidia cuando ese hombre alzó su cuerpo y presumió del sudor viajar por su frente, esos cabellos azules desordenados y como con descaro