—Y está que muerde.
—Eso ya nos quedó claro, Eiden. —Cruce mis piernas un tanto molesta por ver tal escena, era desagradable tener que apreciar como era capaz de tratar mal a la niña.
Peor aún, como no tenía vergüenza alguna al hacerlo en público.
Yo fuera ella y se me caería la cara de vergüenza en el momento que le tire a la niña la bandeja con comida y que por culpa de su brusquedad gran parte del contenido cayó en el suelo y hermoso vestido de la niña, la cual estaba a punto de llorar.