Capítulo 75.

Estaba abstraída en una profunda oscuridad, perdida como un alma en pena deambulando sin rumbo ninguno en el mundo de los vivos. 

No tenía idea alguna de en donde se encontraba, no sabía cómo moverse, como actuar, no sabía ni siquiera que era lo que ocurría en aquellos instantes. 

Sentía sus ojos magullados, como si estuviesen aglutinados entre sí, como si estuviesen zurcidos a su piel; era imposible para ella abrirlos y ver que era lo que estaba sucediendo a su alrededor.

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