230.
Su cuerpo flaqueó, queriendo caerse, pero tenía que sacar fuerzas de donde no tenía, porque él la atraparía, algo le decía que por más duro que corriera, él terminaría atrapándola siempre.
Un grito se desprendió de los labios heridos de la muchacha; las aberraciones a las que había sido sometida en aquella luna de miel, la perseguían, dos días completos de torturas que su cuerpo apenas había soportado, sentía que la muerte bailaba en su interior, y que pronto iría por ella.
La rubia bajó con ra