El cielo comenzó a teñirse de un gris violeta que no pertenecía al día ni a la noche. Era un color intermedio, una brecha entre mundos. El tipo de tono que anunciaba que algo antiguo y poderoso estaba despertando. Las nubes se agrietaban en franjas púrpuras, como si el cielo mismo se estuviera desgarrando para dejar pasar a la luna.
Aún oculta, ella se abría paso. No como un astro... sino como una reina que venía a reclamar su trono. Ulva avanzaba por los canales como una sombra entre sombras.