Pero la oscuridad nunca descansa. En medio de la noche, cuando el sueño había envuelto al campamento en un abrazo profundo, una grieta se abrió en el tejido de la realidad. Nadie la escuchó. Nadie la vio. Pero el bosque se enmudeció. Las luciérnagas desaparecieron. Y un vaho negro se arrastró desde el límite del mundo.
Selene había vuelto. No con ejércitos. No con hechizos ruidosos. Sino como una sombra antigua que sabe dónde cortar para que el alma sangré. Apareció dentro de la cabaña de Ulva