El amanecer se abría paso entre las copas de los árboles cuando Ulva y Kaelion pisaron los límites del campamento. Aún traían el barro del bosque en las botas y el cansancio en los huesos, pero sus ojos brillaban con una mezcla de determinación y sombras no resueltas. El campamento había sido trasladado a un claro más alto, menos expuesto, rodeado por riscos y formaciones rocosas que hacían más difícil cualquier ataque por sorpresa. Todo parecía más organizado… pero también más tenso.
Kaelion s