"Elmin. Todavía operando desde el miedo," murmuró Elara con tristeza.
Kael era un hombre de honor y deber. Se veía el conflicto en sus ojos. Su mano temblaba, pero la daga no vacilaba.
La acción se desató. Elara sabía que no podía usar magia potente sin atraer a Valerius.
Lysander se lanzó. No para luchar, sino para razonar. "¡Kael! Él es un Fundador. Siempre hay una solución. No condenes a la única esperanza."
En ese instante de distracción, un rayo oscuro impactó cerca. Valerius había llegado, atraído por el pulso de magia de Elara.
No vino en persona, sino proyectado en un avatar de Sombra pura, envuelto en una capa de relámpagos carmesí.
“¡Kael! Mi Sentinela más leal,” resonó la voz de Valerius desde el avatar. “Tu maestro siempre fue débil. Acaba con la niña. Hazlo, y te daré el lugar de honor en mi nuevo orden.”
El avatar de Sombra comenzó a avanzar.
Kael se paralizó, la promesa de orden de Valerius compitiendo con la lealtad a sus amigos.
Elara aprovechó el momento. No atacó a