El abogado de Dr. Aaron Brandt, un hombre llamado Thomas Kress, era la clave final. Alana Torres y Julián Whitethorn sabían que Kress, aunque bien pagado, no era un ideólogo en la campaña de traición de Brandt, sino un facilitador legal que ahora enfrentaba el riesgo de ser etiquetado como cómplice. Su acción fue un acercamiento legal meticuloso, no una amenaza de venganza.
Alana contactó a Kress con una simple propuesta, articulada con la precisión fría de una cirujana. "Señor Kress, su cliente, el Dr. Brandt, está a punto de ser acusado formalmente de traición a la seguridad nacional y fraude electoral, financiado por una potencia extranjera. Si usted fue cómplice sabiendo que la 'compra de paquetes de datos' era dinero ruso disfrazado para manipular elecciones, enfrentará una pena considerable. Le ofrezco una vía de escape antes de que la Fiscalía actúe."
Alana no ofreció venganza o poder, sino una acción legal llamada qui tam, una demanda de denunciante que permitiría a Kress test