Una sonrisa fría, casi imperceptible, se dibujó en la comisura de los labios de Cristian. Había una burla calculada y peligrosa en su rostro mientras decía:
—Ese hombre hipotético suena como el tipo ideal —soltó con un tono arrastrado, cargado de sarcasmo—. De verdad, suena perfecto. Lástima que no vayan a ser los hijos de él los que lleves en tu vientre.
Estefanía apretó los dientes, tratando de no verse afectada por su arrogancia. ¡Vaya imbécil!
—¿Estás tan seguro? —lo desafió, levantándose d