La oscuridad y el silencio de su descanso fueron interrumpidos por el roce suave de algo sobre el piso.
Era como el susurro de una escoba barriendo hojas secas o el arrastre de una manta vieja.
Los párpados pesados de Estefanía se fueron moviendo, todavía sin una verdadera intención de abrirse. Así pasó mucho rato, sumergida en ese letargo, hasta que finalmente le dio la bienvenida a un nuevo día.
Lo primero que captaron sus ojos fue a la mujer que doblaba y organizaba ropa en una habitación