Estefanía llevaba más de tres días tragándose la rabia y el asco de ese mensaje.
Ahora, con el alcohol en su sangre, lo había soltado todo como lo que era: una patética.
Porque amarlo tanto dolía así. Porque si no sintiera nada por él, se ahorraría el sufrimiento.
Sí, esa enorme piedra que le aplastaba el pecho… aunque ni siquiera podía decir que aquello era simplemente una metáfora. Literalmente, no podía respirar. La garganta le ardía y las piernas le temblaban como si no soportaran su propio