Con su espalda pegada a la pared, Estefanía gimió en la boca de Cristian, enroscando sus piernas alrededor de su cintura, sintiendo el bulto que chocaba directamente con su zona íntima.
Estaba empapada, deseosa, y no le importaba qué lugar ocupaban en aquel salón: solo le importaba ser suya otra vez.
No había un solo momento en que no sintiera una extraña desesperación invadirla.
Ellos no sabían hacer el amor de forma normal. Siempre se tocaban con prisa, como si el otro fuera a desaparecer en