Esa noche, Estefania decidió hacer una cena especial para recibir a Cristian. Ya que su luna de miel se había arruinado. Hoy haría una comida ella misma, con sus propias manos.
—A ver, échale más de esto —indicó Sonya, acercándole el frasco de orégano y señalando la sartén donde la cebolla ya se estaba dorando.
Obedeció de inmediato, pero al sacudir el frasco con demasiado entusiasmo, una nube de especias salió disparada.
Estefanía intentó esquivarla, pero tropezó con su propio pie y terminó ap