Solo existían unas manos que su cuerpo aceptaba completamente.
Aquellas manos no eran precisamente las más suaves; a veces el toque era rudo, pesado, demandante.
Pero era un toque que la hacía sentir viva.
Esto, en cambio…
Estefanía empujó con todas sus fuerzas al hombre que tenía delante.
Él retrocedió tan solo un paso con una sonrisa divertida en los labios.
Luego, sacó un fajo de billetes de su cartera.
Eran muchos.
Una suma por la que cualquiera se pensaría las cosas dos veces.
Quizás, si e