Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl reloj digital en la mesita de noche de la sala 304 marcaba las 03:47 A.M. El silencio del hospital no era reconfortante, era una amenaza que colgaba como una navaja sobre la cabeza de Damon.
Damon Kóvach se movía por la habitación como un depredador enjaulado con cada mirada dirigida a la única puerta, no confiaba en la seguridad del hospital, ni en las cortinas opacas, ni en la débil promesa del médico de olvidar lo que había pasado.







