El habitual silencio en la mansión de Star Island se había transformado, de un eco opresivo a un espacio lleno de la vida.
Desde que Harper, había llegado, Peter parecía haber florecido junto a ella. Cada mañana, lo ayudaba a vestirse, le preparaba el desayuno y le leía un cuento. El pequeño, con su inocencia y con cada ocurrencia, se había convertido en un bálsamo para sus heridas.
En realidad, ella nunca esperó que podría disfrutar tanto del trabajo como niñera, siempre fue una mujer práctica